Las series coreanas han marcado tendencia en Netflix. La plataforma se ha apuntado éxitos con el contenido asiático y una nueva ficción llamó la atención de los suscriptores. Se trata del K-drama “Narco-Saints”.
Esta ficción de Netflix gira en torno a Kang In-gu, un empresario que se involucra en una operación secreta de la policía de Corea del Sur,la cual tiene como objetivo atrapar a Jeon Yo Hwan, un criminal que dirige una red de narcotráfico que abarca desde Surinam hasta Europa.
En medio de las cosas que debe hacer para cumplir con su objetivo, el empresario debe viajar a Sudamérica. Sin embargo todo se complica ya que atrapar al traficante es una misión que se le torna más difícil de lo que pensó que sería.
Tras la historia de esta serie coreana de crimen y drama, lo que pocos saben es que Netflix se inspiró en un evento de la vida real, en específico de un delincuente de Corea del Sur que planeó su imperio de la droga desde Sudamérica.
La historia real de Narco-Saints de Netflix
El 20 de junio del 2011, el medio "Korea Times" publicó que un hombre de Corea del Sur, en ese entonces solo identificado con el apellido “Jo”, había sido acusado de contrabando de cocaína de América del Sur a Europa, utilizando a otros ciudadanos del país asiático como transportadores o “mulas”.
El hombre de Corea del Sur tenía como sede de sus operaciones a Surinam, un pequeño país caribeño que tiene como vecinos a Guyana Francesa, Guyana y a Brasil.
Según publica el medio surcoreano, la Fiscalía de Seúl explicó que el sospechoso había contratado a 12 hombres para entregar casi 110 libras de sustancias ilícitas a países europeos entre el 2004 y el 2005.
“'Korea Times” explicó que el contrabando, suficiente para 1.6 millones de dosis, tiene un valor en el mercado de 160 mil millones de wones (la moneda de Corea del Sur), o lo que es lo mismo, 140 millones de dólares estadounidenses.
El medio asegura que el sospechoso fue arrestado en Brasil en el 2009 y extraditado a Corea del Sur. Según las autoridades, Jo le pagó a las “mulas” entre 4 y 5 millones de wones (casi 350 dólares) y tres de ellos fueron capturados en Francia y Países Bajos.