Flor de la V es reconocida por su activismo LGBT y recientemente, en un post que publicó en sus redes sociales, se refirió a su dura infancia y sobre los roles que la sociedad impone sobre los niños y las niñas.
Flor de la V: Su difícil infancia
Flor de la V es reconocida por su activismo con el colectivo LGBT. A través de sus redes sociales, se refirió a su infancia para dejar un fuerte mensaje.
Actualmente la celebrity volvió a las pantallas como panelista del programa conducido por Karina Mazzocco en América TV. La artista siempre se muestra optimista y feliz en la televisión, pero la verdad es que antes de su fama, debió sortear una difícil infancia.
Así lo hizo saber a través de un reciente posteo en las redes sociales, medio que también utiliza para enviar mensajes de concientización sobre la diversidad.
El fuerte mensaje de la mediática:
El descargo de la conductora inició de la siguiente manera: “Está cada vez más comprobado que no hay naturaleza ‘genética’ en conductas propias asociadas al juego: una nena puede ser hábil con una pelota de fútbol y un nene puede desplegar una asombrosa capacidad histriónica jugando con muñecas. De hecho, para quienes han sido criados en esta lógica y no pueden superarla, lo más preocupante no es tanto la posesión de esos juguetes, sino el rol que se le permite a cada identidad en la interacción con estos: a las mujeres se les puede llegar a aceptar que jueguen con una pelota ¡siempre y cuando no vayan a patearla!”
La referencia que hizo acerca de su niñez:
“Mi vida y la de muchas generaciones ha sido y está basada en esa norma binaria violenta y excluyente que NO respeta las infancias ni lxs derechos de lxs niñxs. En este entramado de adoctrinamiento capitalista cis patriarcal que llamo ‘la maquinaria perfecta’, cada engranaje cumple con un fin o propósito: ubicarte en el casillero que corresponde. Y ojo con desobedecer, porque trae consecuencias”, indicó Flor de la V.
Además, reveló lo que sufrió en contra de su voluntad: “A mí me cortaron el pelo, me prohibieron las muñecas y los juegos con las nenas, básicamente no podía hacer nada que me gustara. Llegué a robar muñecas para poder jugar a escondidas. Vestirlas y peinarlas me encantaba. Pero cada vez que eran descubiertas venían los gritos y las palizas. Así y todo, no hubo castigo, golpe o paliza que me quitara un solo instante el deseo incontrolable de jugar con ellas”.
Flor de la V culminó con dos fuertes preguntas que llaman a la reflexión: “¿desde cuándo es natural que el ámbito del juego tenga dos casilleros? ¿Cómo se hace para cortar de lleno con esto?”