A pocos días de la gran final de Gran Hermano, Sol Abraham atraviesa un fuerte quiebre emocional que la lleva a dudar de su continuidad y del esfuerzo invertido. La jugadora, que hasta ahora se había mostrado combativa, ha manifestado sentirse aislada y con un desgaste considerable en la recta final del reality.
Sol Abraham en crisis a días de la final de Gran Hermano: ¿vale la pena?
Sol Abraham atraviesa una profunda crisis emocional en Gran Hermano, cuestionando su continuidad en el reality y el desgaste de estar lejos de su familia.
El sentimiento de soledad dentro de la casa se acentuó tras un reciente encuentro virtual con su madre y hermana, donde pudo ver a su hija Delfi. Este momento, lejos de reforzar su postura de jugadora dura, la sensibilizó profundamente, marcando un punto de inflexión en su estado anímico.
El difícil momento de Sol en la casa
“Me desperté muy frustrada porque pienso mucho si valdrá la pena todo esto. No tengo ya 20 años como en aquel Gran Hermano donde tenía poco que perder y pocos temas que resolver afuera... era una niña”, confesó Sol, visiblemente afectada. Añadió que siente culpa por haberse perdido momentos importantes de su hija y su familia, y que lidia con un “desgaste físico y mental muy grande”.
El peso de la ausencia familiar en la recta final
Abraham compara su situación con la de otras finalistas, sugiriendo que su camino dentro del reality fue más arduo. “Creo que tuvieron un camino allanado, más fácil para llegar acá”, comentó, contrastando con su propia experiencia que, según ella, implicó un juego más difícil y con consecuencias emocionales y físicas evidentes.
La participante expresó que intenta “seguir viviendo en este show como puede”, pero la necesidad de abrazar a su hija Delfi se ha vuelto un peso cada vez mayor. Las últimas semanas en la casa parecen haberla llevado a cuestionar el valor del esfuerzo y la competencia frente al costo personal y familiar.