Romina Yan, tendría actualmente 46 años. La muerte de la hija de Cris Morena fue difícil de creer para todos aquellos que la vieron protagonizar diferentes telenovelas, en las que mostró su belleza y su gran habilidad para la actuación.
Romina Yan: ¿Cuántos años tendría hoy?
Romina Yan falleció hace 11 años, aunque murió muy joven, aquí te contamos su gran paso por la televisión y su lucha.
Horas más tarde, se supo que la joven actriz había sufrido un paro cardíaco. Y tras la noticia, los que más sufrieron la pérdida fueron sus padres y sus hijos. De hecho, en el 2018, su madre Cris Morena organizó un homenaje que consistió en un espectáculo musical en el gran Rex llamado “Vive Ro”.
Su madre, en una entrevista que dio al asistir al estreno de la obra de su nieto, dijo: “Uno no imagina que un hijo, cuando no está, es a veces más fuerte que cuando está. Romina se transformó en alguien inseparable: está todo el tiempo a mi lado y al lado de todos los que la amamos”.
Su paso por la televisión
La hija de Yankelevich dio sus primeros pasos por la televisión siendo muy joven. Entre los programas en los que participó, se encuentran: Jugate Conmigo, Provócame, Abre tus ojos, Amor mío, B&B y Chiquititas, la tira infantil que representó un gran éxito para su carrera y un gran acontecimiento para los niños de la época.
Romina Yan durante cuatro temporadas dio vida al personaje Belén Fraga, desde 1995 a 1998. Si bien se había retirado de la exitosa ficción, volvió con participaciones esporádicas a comienzos del 2000.
La lucha de Romina
En una entrevista que la joven actriz concedió a Para Tí, reveló que sufría de anorexia.
“Tenía 15 años, iba a un colegio de doble turno, trabajaba hasta las 3 de la mañana y me levantaba a las 7... Era demasiado y descargué mis angustias en mi cuerpo. Todo ese año la pasé mal y comencé a sufrir de anorexia. No comía nada porque estaba obsesionada con que tenía que ser perfecta. Durante toda mi vida descargué mis miedos, inseguridades y angustias con la comida. Esa fue mi forma de boicotearme. Fue todo un desafío porque un trastorno como el que yo tuve no se va de un día para otro. Es un tema con el cual tenés que vivir toda tu vida. Yo me reconcilié con mi cuerpo, pero la anorexia sigue latente. Todos los días aprendo a comer y no me siento relajada con la comida. Hay veces en que me vuelvo obsesiva, me veo gorda y dejo de comer. Es que una vez que se te distorsiona la imagen, es muy difícil que vuelvas a verte en el espejo tal como sos: vivo encontrándome defectos”, dijo.