Ricardo Fort, el padre de Felipe y Marta Fort falleció un 25 de noviembre, hace ya 8 horas, y su mejor amigo, Gustavo Martínez, contó que después de su muerte, recibió señales de parte del fallecido empresario. Según él, el chocolatero sigue presente en su casa.
Ricardo Fort, tras 8 años muerto, se comunica con su familia
Este jueves 25 de noviembre se cumplieron 8 años de la muerte de Ricardo Fort. Su amigo Gustavo Martínez contó que el excéntrico personaje sigue manifestándose.
En este sentido, el tutor legal de Felipe y Marta Fort comentó sobre la presencia de Ricardo Fort en su hogar: “Ricardo está presente, sí. Me acuerdo de una vez que fui a un dormitorio enorme donde él tenía de todo. Y una vez entro y no escuchaba nada, no había nada... Ricardo ya había fallecido", comenzó diciendo.
Y después reveló la situación paranormal que vivió: "Y escucho ruidos, de repente, muchos ruidos. ¡Dame la puerta que me la llevo! Te lo juro. Fue fuerte y una vez a Felipe le pasó lo mismo en el mismo lugar. Feli me contó lo mismo, que fue igual. Ahora ya no voy ahí, ¿para qué?”, dijo entre risas Gustavo Martínez.
En este sentido, Gustavo Martínez agregó sobre la presencia del padre de Felipe y Marta Fort: “Quedé en shock cuando sucedió. No es que me dio miedo, pero es como una cosa que no parece real. Ves algo que no se ve. En ese momento vi una imagen de Ricardo. Y Felipe también me contó que, otro día distinto, había visto algo parecido. Yo creo que era la imagen de Ricardo, por supuesto que sí”.
Ricardo sabía que moriría joven
Ayelen Fernández fue testigo del estallido de popularidad del empresario chocolatero, tan solo tenía 23 años cuando conoció a Ricardo Fort en el año 2009. Y en una entrevista, detalló un sorprendente detalle sobre el mediático.
Indicó que Ricardo Fort le comentó cómo sería su final: "Me agarró la mano con su fuerza, me la apretó y me dijo: ‘Es que me voy a morir...’. Y a mí me cambió la cara, me bajó la presión, porque yo estaba acostumbrada a que todo lo que decía Ricardo se cumplía. ‘¡No digas eso!’, le pedí. ‘Sí, porque yo me voy a dormir y siento que salgo de mi cuerpo, y me puedo ver, y después vuelvo’. Hablaba y lloraba. ‘Me salgo, me veo, y vuelvo...’. Y me apretaba la mano: ‘¡Me voy a morir!’".