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La imperdible "Pregunta Animal" de Gerardo Rozín a Karina Jelinek

La dolorosa muerte de Gerardo Rozín nos llevó a recordar sus épicos momentos en televisión. La Pregunta Animal a Karina Jelinek es uno de ellos.

Gerardo Rozín, el productor obsesivo, el entrevistador cálido pero mordaz, el profesional riguroso, pero sobre todo un buen tipo, falleció el viernes a los 51 años.

Especialista en mezclar entretenimiento con información, en distender basándose en el diálogo y no la agresión, Gerardo Rozín transitó por los medios sin caer en la ley del todo vale por un punto de rating.

Nicolás Repetto era el maestro de ceremonias de Sábado Bus, el recordado ciclo de Telefe, pero a su lado estaba Gerardo Rozín quien tenía a su cargo una parte fundamental, incisiva pero sin quebrar el clima de fiesta. La llamó La pregunta animal, en donde el conductor de La Peña de Morfi se metía con las cuestiones más privadas de los famosos que estaban invitados, siempre con ingenio pero con un gran afán periodístico.

En 2003 debutaba La pregunta animal en las medianoches de Canal 9 y por allí pasó toda la farándula argentina, además de deportistas, algún político y personajes mediáticos. En esos reportajes el periodista probó con éxito su faceta como conductor, al frente de un programa intimista que continuó durante dos años en esa pantalla y después pasó a América.

Del programa que producía y conducía Gerardo, se desprendieron algunos momentos memorables, inmortalizados por YouTube posteriormente, como la actuación de Karina Jelinek cuando el conductor le iba a pidiendo que pusiera “cara de seria” o de “Karina, enojada”.

Karina animal
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Murió Gerardo Rozín

Se definía como rosarino, judío, de Central, periodista y productor. Los que lo conocen dicen que además era compañero y sobre todo buena gente. Esta cronista puede dar fe, como profesora de TEAImagen, cada año mis alumnos lo entrevistaban. Los recibía con una paciencia infinita, una sencillez natural y el ego domado. Les brindaba tiempo no apurado y conocimiento no impostado. Recuerdo que al corregir lo primero que buscaba era la entrevista a Rozín. Aún siendo entrevistado por el peor alumno, ese trabajo se convertía en el mejor. No hubo una sola vez que no terminé aprendiendo, reflexionando y también riendo. Y hay que reconocer el mérito para transformar el tedioso momento de corregir en un momento de disfrute. Solo por eso Rozín ya tiene el cielo ganado.