Tinelli está desatado y sus colaboradores tiemblan cuando se le ocurre una de sus locas "ideas del sur" al aire de su programa en vivo. El conductor es un intuitivo y sus reflejos están en alerta permanente. Su producción arma la base de los que bailan, lo que bailan, la puesta de los bailes y la enorme parafernalia de su ciclo. Pero es él quien de repente toma la punta de una situación X que puede convertirse en un programa entero y distinto al que se pensó. Esa es su clave y uno de los tantos secretos de su éxito.

El reality que el conductor propone no es sólo con los participantes y el jurado; hay otro con su equipo de colaboradores, metidos en una especie de casa de "Gran hermano" en el propio programa: Marcelo es Gran hermano y mueve los hilos de lo que hacen o dejan de hacer sus productores, los coachs y las bailarinas que lo acompañan.

Lo que pasa es que ellos no saben por dónde se viene la sorpresa y qué se le ocurrirá a Tinelli de repente, y un poco están asustados con lo que pueda pasar.

Hay una verdad silenciosa entre todos y es "no le digas que no a Marcelo al aire" porque puede tronar el escarmiento (que te la haga peor o que te mande al freezer un tiempo). La semana pasada ordenó a uno de sus productores estrella, Fede Hoppe -lo tiene de punto como a ninguno- que se tire al piso acostado para que un acróbata le salte encima haciendo una pirueta.

Hoppe -que vive en temblequeo permanente- no quiso. Ayyyy!! Cómo se arriesgó a decirle que no al Supremo!... Pero se animó y se negó. Sí, se negó. A falta de Hoppe, bien viene un Navarrete. El productor calvo que está ahí en el costado esperando ver para qué lo necesita Marcelo, se acostó en el suelo como corresponde y el acróbata hizo su salto. Por suerte no le cayó encima a la humanidad del productor.

Pero Hoppe juega mucho el ida y vuelta que le propone el conductor. En general es el elegido para los besos con bailarinas, con Piquín -le da un piquito cada vez que baila- y otras figuras con quienes tiene o tuvo algo.

El Chato Prada -su otro colaborador más cercano- tuvo ayer la pesada mano de Marce sobre sus hombros. Cuando la bailarina anónima Consuelo Pepino hizo saber que bailaría con Nito Artaza su Salsa de a tres por negativa del Chato, el conductor lo obligó al aire a someterse a los embates de la pista por haberle ocultado la negociación fallida.

Las otras dos "víctimas" preferidas de Tinelli son los jefes de coach del certamen, Lolo Rossi y Hugo Ávila. Hace pocos días descubrió que se turnaban para ir al piso del programa para acompañar a los coachs de cada pareja. Cual celador malvado, el conductor mandó a buscar al que faltaba y ahora los dos tienen que estar juntos en el piso. "¿Les molestaría mucho venir a los dos?... Es como que Pampita y Moria se turnen en el jurado para venir una sí, la otra no". Otra lucha! Ahora los jefes de coach no se atreven a separarse cual siameses aterrados.

Encima Polino descubrió "el curro de la escuelita" porque pusieron a una de las profesoras de su estudio de danzas a bailar con El Polaco, y tienen a muchos profesores como coachs de las parejas. La nueva novela de la escuelita es otro de los divertimentos de Marce.

El jurado outlet -panelistas de los programas satélites que se sientan en el piso- roban cámara en cada programa, pero cuando el conductor los pesca celular en mano, se los saca al aire para que presten atención, cual adolescentes dispersos en una clase de biología embolante.

En fin... Marcelo está atento a todo y todo es funcional al show, bajo su lupa y su mirada, nadie se salva de sus embates y guarda con decirle que no, porque... la venganza será terrible.