Sentada en el panel del programa matinal “Nosotros a la mañana”, Nicole Neumann llora al aire y se pregunta por qué todos los días debe afrontar un enorme grado de exposición al tener que explicar sus asuntos personales. A su pregunta habría que retrucarle con otra: ¿Para qué creerá que la contrataron si no es para eso?.

Nadie esperará de ella una genialidad, porque ella es una celebrity por sí misma y genera un contenido en el que, si no estuviera allí, la tendría de gira por todos los programas. En cambio, al tenerla contratada, la productora KZO se permite desangrarla en cómodas cuotas y sin compartirla con el resto.

Hecha la salvedad, conviene preguntarse si Nicole Neumann es la mujer gélida que aparenta ser a veces, o una sensible divorciada que sufre en silencio. Los papeles se invirtieron en dos años para ella. De ser la abandónica que rompió una familia perfecta, aparece ahora como la víctima de aquel divorcio.

Desde las charlas de café a los argumentos de entendidos en temas de pareja, siempre surge la pregunta. ¿Quién sufre más en una separación? ¿El que deja o el que es dejado? La modelo decidió separarse del padre de sus hijas, el futbolista Fabián “Poroto” Cubero, quien hoy aparece como su verdugo. Nadie podría imaginar que alguien con esa voz aflautada podría hacerle daño a alguien, pero el muchacho resultó bastante vengativo.

En su caso, trasmutó de marido abandonado a novio de América, asegurándose amplia repercusión mediática al entablar una relación sentimental seria con Micaela Viciconte, quien a su vez supo dejar rápido a su ex novio deportista para subir el perfil y llegar a la tapa de revistas que tanto soñaba.

La realidad del presente encuentra a Nicole llorando en cámaras, híper expuesta, blanco de miradas, prejuicios y juicios varios, analizada e híper señalada por toda la televisión, mientras que su ex le hace la vida imposible con las hijas de ambos, tironeadas a más no poder por sus padres, y le exige -bajo cuerda- que le levante una medida cautelar a su novia para que la pueda nombrar en los programas. No es negocio para Viciconte ser parte del triángulo pero no poder sacarle el jugo a la contienda por culpa de una orden judicial. Así no vale.

Cuando se separaron, hace dos años, Nicole Neumann era la culpable de la ruptura pero estaba pasándola mejor. Aparentemente ya había hecho de las suyas con Pablo Cosentino, un representante de futbolistas que vivía en Miami con la ex modelo Daniela Urzi, de quien se terminó divorciando. Después vincularon a Nicole con un funcionario público, pero aquello quedó en un misterio que aún prevalece vigente.

En el medio, se puso de novia con Facundo Moyano, chico del momento y Diputado Nacional -vaya mezcla- y parece que eran puro fuego. En ocasión de visitar amigos en Nordelta, se dejaron llevar por las mieles de la pasión en una sala del living. El dueño de casa les tuvo que pedir que paren porque había niños jugando cerca. Pero el fuego se apagó y desde entonces ella mantiene una vida privada menos expuesta. Según gente que la conoce, pasa de noches ardientes con buena compañía a estar echada en su sillón favorito viendo Netflix y comiendo chocolates cuando las nenas se van con el papá.

Mientras tanto, su personaje televisivo la encuentra sollozando por las maldades del ex. Cubero resultó un vengativo de mucho cuidado y Viciconte ansía que le quiten el bozal cual rottweiler adiestrado para matar con la primera mordida.

Detalles al margen, los tres resultan unos cholulos perdidos por la cámara más preocupados por el futuro incierto de sus carreras -el fútbol y la moda vencen temprano- que por resguardar del escarnio a tres niñas que sin dudas, más temprano que tarde, les pasarán factura por tanto sinsentido.