Todo tiene que ver con todo en la crisis interna que se desató en el equipo de Mirtha Legrand después de la fallida presencia de Natacha Jaitt a su programa. Todos saben que al día siguiente de la emisión de ese programa, su nieto Nacho Viale seguía jactándose de la nota (increpó al director de este portal, Rodrigo Lussich, ante la primera crítica en Twitter el mismo domingo) pero el lunes todos empezaron a arrepentirse cuando los verdaderos "peces gordos" del periodismo atacaron sin piedad a Legrand.

Y después, el audio de Marcela Tinayre furiosa con la producción de su madre por tener que ir a un programa en Rosario.

Lo cierto es que puertas adentro del equipo de la diva apuntan a un nombre -¿un arrepentido?- y a un grupo de WhatsApp que se iba mandando en forma interna distintos audios de la propia Mirtha, de invitados (entre ellos su propia hija) y que dicen que si salen a la luz, todo puede ser letal. Audios de consumo interno de producción que no son para publicar, como en cualquier programa. Pero Legrand no manda audios de WhatsApp, ella misma lo ha dicho. Ella escribe.

Sin embargo apuntan a un productor que dejó el ciclo: Rubén Vivero. Aunque nadie podría comprobarlo, creen que él es el infiel que mandó el audio de Marcela al twittero Gabriel Lucero, quien lo hizo cómic y lo subió a la red.

Aseguran que los audios de ese grupo aterrorizan a la propia Mirtha, por temor a traiciones internas que explotaron en su producción por la lucha que significó haber llevado a Jaitt. Y como algunos productores vienen de la ex Endemol (hoy KZO, alejada de Mirtha) ven la maldad de favorecer a Andy Kusnetzoff, enemigo final de Mirtha por haber tomado la base de su formato y ganarle en rating cada sábado de noche. Lo dicho: todo tiene que ver con todo.