Nadie daba un peso por ella cuando llegó a Showmatch casi en el final de la convocatoria, en un año flaco de grandes figuras. Hoy, meses después, uno se pregunta qué bodrio hubiese sido el Bailando de este año sin ella. Mezcla del estilo inimputable que supo tener Fort, como personaje tapado capaz de todo; con el fenómeno Mole Moli -que ganó el certamen sin saber bailar-; La Bomba Tucumana le da al programa de Tinelli la cuota de escándalo que necesita, y al mismo tiempo comete el más obvio y burdo de los errores que suelen cometer los que pasan por allí y se destacan: está cebada con su personaje, y eso la vuelve definitivamente insoportable.

Gladys sabe que el programa la necesita, que Tinelli la busca para pelear con todo el mundo y ella no se le achica a nadie: es histriónica, juega con la cara, con su cuerpo, no tiene traumas estéticos, es "la vecina conventillera" de la cuadra y puede salir con cualquier cosa. Tiene algo de Carmen Barbieri, también; le da al programa el reality familiar con las desventuras de su hijo, inicialmente presentado en los medios como La Tyago y después rompe corazones de dudosa sinceridad íntima.

Ayer Gladys fue a Intrusos y pasó por todos los estados; peleó con el panel -Tartu le dijo que su hijo es "una dulce de leche" y ella casi lo asesina-; le dijo a Rial que lo odiaba y que lo amaba, y su ciclotimia mediática no tiene límites.

Su punto más flaco es lo que le genera su archi enemiga Micaela Viciconte: una chica que tiene la mitad de su edad saca lo peor de ella; que no sabe jugar ese juego y se pierde en peleas con sus fans. El ataque verbal a una de ellas y una denuncia posterior por violencia la dejan mal parada.

Gladys parece imperturbable pero tiene -además de su hermana Olga que la defenestra por donde va- el peor de los peligros para el programa: Nunca atravesó el riesgo de ir a un duelo telefónico para que pueda saberse si el público la quiere tanto como Tinelli.

Su antagonista no es solo Viciconte; en realidad es Consuelo Pepino. Una mujer también de barrio, pero con otro perfil, que viene dando batacazos en el teléfono. Tinelli la va potenciando, pide a su familia que venga a las galas a verla, y tiene alta aceptación popular: no sería descabellado que gane el certamen la representante de "la gente": una mujer que puede ser cualquiera de las que están viendo el programa. De hecho resultó extraña su tan anticipada contratación para la temporada de Carlos Paz; aunque si gana el Bailando se entendería por qué.

Gladys, en tanto, se hace odiar por propios y ajenos, pero resulta hipnótica en pantalla. Es en realidad la villana del cuento (¿Pepino sería la heroína?). Como pasó con Fort en su momento, con Pachano y otros personajes, poco importa que gane o pierda; queda claro que ellos la querrán ahí y seguramente el 2018 la vuelva a tener contratada en esa estructura: bailando, como jurado, como jurado outlet o en una sillita a un costado peleando con quien se le cruce.

También ella hará temporada con los productores de Tinelli; es mejor tenerla mansa bajo contrato. Uno la imagina fuera del show despotricando contra ellos apenas ponga un pie fuera de Ideas del Sur.