Es un momento “bisagra” en la sociedad argentina y en los medios particularmente. Todo lo que se ha desatado a partir de la denuncia de Thelma Fardín a Juan Darthés, por violarla en Nicaragua en 2009, abrió una puerta que dio lugar a un tsunami.

Anoche la confesión pública en televisión de Mery del Cerro -“fui abusada a los 11 años”, dijo en Showmatch- sorprendió al mismísimo Marcelo Tinelli, terminando así una jornada que no dio tregua: por la mañana, Calu Rivero en Tribunales, plantada por Darthés en una conciliación a la que no se presentó. La actriz estaba terriblemente movilizada por todos los hechos de las últimas horas: “Me siento a salvo”, dijo por fin, después de meses de desprotección y tantos cuestionamientos sobre su persona por denunciar al actor.

Darthés no fue a Tribunales pero pudo recibir a Mauro Viale para una entrevista inexplicable. Entrevista que sus propios hijos quisieron censurar cuando su padre perdió la chaveta definitivamente y admitió los hechos invirtiendo la historia que contó Thelma: el actor dijo que fue ella -una nena de 16 años- quien quiso “acosarlo” metiéndose en su habitación. Un disparate inédito. Justificando -encima- que de algún modo se contuvo porque la chica “tenía novio” y no porque era una menor de edad. La coartada del novio fue un capítulo aparte: Darthés llamando al actor Juan Guilera para psicopatearlo, intentando convencerlo para que le diga que hace nueve años, él le dijo que Thelma -su novia de entonces- tenía fantasías con el galán de 45 años en ese momento. Una sucesión de locura.

Ayer el reportaje de Mauro Viale con Darthés indignó, enojó y causó repulsión. Culpar a la víctima fue la peor estrategia que pudo ejercer el actor -mal aconsejado o por motus propio- en medio de la vorágine mediática de un tema que cambió para siempre su enfoque.

La aparición nocturna de Mery del Cerro, quebrada, llorando; la posterior descompensación de su bailarín Facundo Mazzei en pleno baile… todo parece ser parte de una caja de Pandora que se abrió el martes y puede tener consecuencias insospechadas.

No mencionaremos aquí los nombres de otros actores que se han mencionado en las redacciones y oficinas de producción de eventuales denuncias por venir. Los hay. Especular con ello en medio de las consecuencias reales de lo sucedido, sería canalla. Pero no se descartan -hay que decirlo- nuevas denuncias. El conjunto de las actrices argentinas respaldando categóricamente a una compañera que pudo contar su historia nueve años después; desgarrador testimonio que conmocionó a un país, abre -reiteramos- una puerta que ya con el relato de Del Cerro demostró anoche que esto, de algún modo, recién empieza.

Mientras tanto, el delgado límite de la lucha encarnizada por el rating y la concientización de un tema tabú pero necesariamente abierto al debate, se pone en juego una vez más. Los promedios de programas que estaban alicaídos en los últimos tiempos vieron subir sus cifras de audiencia gracias a este caso, como ocurre con este tipo de noticias. La tele hace su negocio pero en el medio se pone en juego la sensibilidad de miles de mujeres, representadas por Thelma Fardín: las estadísticas publicadas la semana pasada por The Washington Post cuentan que de cada 1000 violaciones, 150 son denunciadas, 48 enjuiciadas 31 logran condenas y 10 violadores van presos. De esas 1000, solo 2 denuncias son falsas. Valen los datos para preguntarse una vez más qué valor real tiene darle pantalla a alguien acusado de semejante delito, por un punto de rating.