Todas las críticas que se publicaron sobre la película "Bañeros 5" fueron demoledoras este fin de semana; en realidad esto no debe importarle mucho a sus productores: la parte 4 de la saga fue vista por más de un millón de espectadores y suele ser un éxito de taquilla que veremos si se repite esta vez.

Pero especialmente la del diario Clarín fue lapidaria, y se la trasladó del papel a la versión digital el fin de semana, al titular la crítica "Bañeros 5. Mala. Nadando en un chapuzón de estupidez". Por otro lado, el ex crítico del diario La Nación, Diego Batlle, también la liquidó.

La pregunta es por qué los medios no perdonan a esta saga que en general es un éxito de público y son mucho más benévolos, muchas veces, con tanques extranjeros que son también verdaderos bodrios.

Batlle escribió: "No, ni pienso asomarme a Bañeros 5. Con el afiche y el trailer ya confirmaron que se trata de una nueva estafa al público. Quien quiera ser timado en una sala, adelante. Una cosa más: lamento mucho que la apuesta argentina para las vacaciones de invierno sea Bañeros 5. Cuesta mucho meter una película nacional durante el período más taquillero. Y que sea este despropósito artístico es un mal precedente para cuando haya mejores propuestas".

A su vez en Clarín, el crítico Gaspar Zimmerman utilizó términos feroces: "Berreta; sin argumento, con actuaciones que no puden ser calificadas como tales". Aquí la crítica completa que publicó el diario:

"En 1987, cuando llegó a los cines Los bañeros más locos del mundo, nadie hubiera imaginado que tres décadas más tarde seguirían estrenándose retoños de aquel éxito. Pero no por falta de visión: hoy también resulta difícil de concebir que esta franquicia siga viva.

Sin argumento, con un humor que ya en los ’80 era antiguo, y actuaciones que no pueden ser calificadas como tales. La explicación de la supervivencia es simple: en 2014, casi un millón de personas vio Bañeros 4: Los rompeolas. Pocos ejemplos tan claros de que a menudo no existe relación entre calidad y éxito, y mucho menos en el pobre panorama de exhibición cinematográfica actual.

Rodolfo Ledo -responsable de las últimas tres películas de la saga, después de que Carlos Galettini firmara las dos primeras- filmó aquí una seguidilla de sketches que abreva en el lenguaje televisivo más perimido. Podría interpretarse que eso responde a que los protagonistas son figuras surgidas de la televisión, como Pachu Peña, Pablo Granados, Nazareno Mottola y Pichu Straneo. Pero para dar una idea de lo que es Bañeros 5, hay que decir que lo que este cuarteto hace en Peligro: Sin codificar suele ser muy superior a su desempeño en malla y crocs.

Pero sí: como en las comedias de la temporada teatral de verano, aquí el anclaje mediático es fundamental. De ahí surgen las -de otra manera injustificables- presencias de los hermanos Caniggia y de Mica Viciconte. Y del celebérrimo culo de Sol Pérez, que se destaca entre unos cuantos pares de nalgas anónimas.

El aporte retro quedó a cargo de Gino Renni, como único representante de los bañeros originales (la película está dedicada a Emilio Disi, fallecido en marzo), y de Luisa Albinoni a quien hubiera sido mejor recordar sólo como la chica de “hola, mami”. El combo decadente lo completan unos cameos de El Mago Sin Dientes, Paolo El Rockero, Matías Alé y Migue Granados. Y también tiene cierto protagonismo un dron que, animación mediante, gesticula (¿?).

El resultado es berreta a más no poder, a tal punto que Bañeros 5 ni siquiera califica para el consumo irónico. De todos modos, quizá haya que guardar un rinconcito de esperanza de redención: no hay que olvidar que en estas playas alguna vez también se enchastró Guillermo Francella".