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"Lo tengo adentro": el caníbal argentino que fue detenido mientras cocinaba los restos de su padre

"Lo tengo adentro", esa fue la frase del caníbal argentino. A unos metros de ellos, una olla sobre la cocina contenía restos de carne humana.

"Lo tengo adentro". Esa fue la frase del caníbal argentino de la ciudad bonaerense de Daireaux que hizo comprender todo a los policías que llegaron a su casa. A unos metros de ellos, una olla sobre la cocina contenía restos de carne humana.

Raúl Piñel tenía 57. Era un trabajador de campo. Había tenido cinco hijos y una esposa pero todos lo abandonaron por sus maltratos y golpizas. Se había vuelto un hombre solitario.

Uno de sus hijos, llamado Raúl Ernesto Piñel Donato, había estado en la cárcel hasta fines de junio de 2008 por un robo calificado. Cuando salió de prisión decidió ir a visitar a su padre. La idea, supuestamente, era volver a tener relación, pero en algún momento el destino quiso que se cambiara el rumbo.

Ambos se encontraron un 27 de junio. Comieron juntos, hablaron, tal vez discutieron. Dos días después, un vecino fue a visitar a don Piñel. Era una costumbre entre ellos pero la puerta fue abierta por su hijo.

En el espacio entra la puerta y Raúl Piñel hijo, el caníbal argentino, el vecino vio manchas de sangre en las paredes y en el piso. Salió presuroso de allí y dio aviso a la Policía.

Cuando estos llegaron la escena que encontraron fue peor. El mismo ex convicto les abrió y los dejó pasar. Sus manos tenían sangre. Cuando llegaron a la cocina algunos de los policías tuvieron que salir a vomitar, en el piso habían encontrado desparramados restos de algunas vísceras, un pedazo de columna vertebral y los demás restos se estaban calcinando en una salamandra que había en la vivienda.

Los policías le preguntaron a Raúl, el caníbal argentino, donde estaba su padre, él, entre risas contestó "ahora lo tengo bien adentro".

Recién entendieron la desafortunada frase de Piñel cuando vieron el macabro contenido que había dentro de una olla, en ese momento se dieron cuenta que enfrente tenían a un caníbal.

La prensa dio a conocer algunos detalles. El hombre había cocinado el corazón y los riñones de su padre en una espesa salsa compuesta de aceite, vinagre, cebollas y ajo, para luego almorzar las vísceras de su progenitor con un trozo de pan, que había quedado tirado al lado de la olla.

El joven nunca se arrepintió de lo hecho. Mientras lo llevaban solamente repetía: "Me las pagaste todas juntas". En su cara se le notaba el odio que realmente tenía hacia su progenitor.

Los restos que quedaron no sirvieron para la autopsia, pero sí se comprobó que faltaban algunos. Efectivamente habían sido ingeridos.

Piñel confesó haber asesinado a su padre el sábado por la noche luego de una discusión que ambos tuvieron. La policía secuestró un cuchillo tramontina en la escena del crimen con el que se cree se cometió el asesinato. También fue secuestrada una pala ensangrentada.

Fue declarado inimputable luego de haber sido sometido a pericias psiquiátricas y psicológicas que derivaron en que el susodicho es un enfermo mental. Quedó internado en un neuropsiquiátrico, solo, sin nadie que fuese a visitarlo.